
País abandonado, heredades desechas,
desahucios…
¡cuanta carroña!, Señor, esas hienas sonriendo.
¡cuanta carroña!, Señor, esas hienas sonriendo.
Los jóvenes se van; pero eso, ¿a quién le
importa?
Señor, si te discuto, si te cuestiono, tú
llevas la razón…
y, sin embargo, no quedo convencido:
¿Por qué prosperan los malvados, ay, y viven en la paz esos traidores?.












