lunes, 28 de mayo de 2012

El gozo es para compartirlo

Dice el texto de Lucas 1,40-56:
"En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:
- «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!. ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?. Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces:
- «Mi alma canta la grandeza del Señor,  y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!.

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa".
Servicio.
  • María no se guarda para ella aquella alegría inmensa que inunda su corazón. Corre inmediatamente a compartirla con su prima Isabel.
  • No tiene móvil, no hay internet ni se sabe siquiera si habrá teléfono algún día,... pero aunque lo hubiera habido... ella no se comunica con Isabel "sólo para contarle"  sino para SERVIR.
  • Isabel está de 6 meses y María permanece con ella tres meses, los justos antes de que Isabel dé a luz (quienes son madres saben de lo importante del apoyo y ayuda en esos últimos meses).
¿Esto es todo?.
En este episodio tan simple... sí: compartir la alegría y servir a quien necesite ayuda.
María conjuga ambos contenidos del COMPARTIR y con su ejemplo nos enseña que:
  1. La verdadera alabanza a Dios no se demuestra sólo en las palabras sino también en la evidencia de nuestros hechos y actitudes.
  2. No basta decir "Señor, Señor" entre inciensos de los templos y actos religiosos, sino decir eso mismo entre pucheros, escoba en ristre y ropas que lavar; entre ratos de charla, simple conversación atenta y silencios compartidos.
  3. No es lo mismo ESTAR, que sólo estar.

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