
De niño me hablaban mucho de María, la madre de Jesús de Nazaret, y cantábamos en la escuela todos los días del mes de mayo el "Ave María" a pleno pulmón con entusiasmo y alegría... le buscábamos flores por aquellos montes y con toda nuestra ilusión se las dábamos a la maestra para que ella alcanzara a ponerlas junto a una imagen que presidía aquella aula de la Escuelita de Santa Ana, Zucaina (CASTELLÓN).
Todo eran excelencias hacia ella pero con sencillez, mucha sencillez y humildad, como lo éramos todos los niños y niñas que dábamos vida a aquel reducto de paz en plena naturaleza, junto a la rambla santanera.
De joven... quise conocer algo más de ella y leí no pocos libros que de ella hablaban... y a medida que iba leyendo más y más... observé que me estaban pintando a una Madre de Jesús tan inalcanzable, tan extraña a mi experiencia personal,... que en lugar de sentirme atraído a seguir en aquella lectura... sólo provocaron mi desconcierto.