martes, 15 de mayo de 2012

Entender a María

De niño me hablaban mucho de María, la madre de Jesús de Nazaret, y cantábamos en la escuela todos los días del mes de mayo el "Ave María" a pleno pulmón con entusiasmo y alegría... le buscábamos flores por aquellos montes y con toda nuestra ilusión se las dábamos a la maestra para que ella alcanzara a ponerlas junto a una imagen que presidía aquella aula de la Escuelita de Santa Ana, Zucaina (CASTELLÓN).
Todo eran excelencias hacia ella pero con sencillez, mucha sencillez y humildad, como lo éramos todos los niños y niñas que dábamos vida a aquel reducto de paz en plena naturaleza, junto a la rambla santanera.
De joven... quise conocer algo más de ella y leí no pocos libros que de ella hablaban... y a medida que iba leyendo más y más... observé que me estaban pintando a una Madre de Jesús tan inalcanzable, tan extraña a mi experiencia personal,... que en lugar de sentirme atraído a seguir en aquella lectura... sólo provocaron mi desconcierto.

Con frecuencia leía cosas tales como (sin dar detalles pues los calificativos empleados eran tan rembumbantes que todavía hoy me asombran y asustan, al menos algunos):
- "María es la criatura más perfecta de toda la humanidad. Hermosa como ninguna y llena de todas las virtudes en grado sumo y más que cualquier criatura -se insistía mucho en compararla con el resto de la humanidad pero para enaltecerla hasta el infinito-. Dios se fijó en ella por todas estas cualidades y nosotros estamos invitados a imitarla en todo pues es la perfección del ser humano: como persona, esposa, mujer y madre".
Inevitablemente comparaba mi vida con la suya, su perfección con mi enorme cantidad de imperfecciones, su pureza y castidad con mis impulsos de joven que se abría a la vida en medio de pasiones hasta aquel momento desconocidas, su belleza con... todo lo que de mí no me gustaba. No podía sentirme cercano a ella o a la imagen que de ella había recibido a través de aquellos libros tan piadosos.
Cuando rezaba o cantaba cánticos religiosos relacionados con ella me sentía falso porque no sentía aquello y si lo hacía era porque se trataba de "oraciones comunitarias" mas no podía decir de ella nada que no estuviera ya escrito, sólo podía leerlo en voz alta pero no hacerlo salir del corazón.
Esto se transformó en desasosiego y seria preocupación porque observaba que todos quienes estaban conmigo lograban hablar de ella en otro tono, de otras maneras, con corazón,... a mi juicio ellos sí sentían lo que expresaban... y yo me preguntaba: "¿Por qué yo no puedo hablar así?, ¿por qué no la siento como se supone debiera sentirle?".
Dar a Cristo al mundo.
Cierto día tuve noticia de que el "Movimiento Focolar" iba a organizar una "MARIÁPOLIS", era en Salamanca, algo lejos del Mediterráneo valenciano,... pero me atrajo mucho la posibilidad de participar de aquello: "Mariápolis" significa "Ciudad de María", por lo tanto, pensé, "allí podré saber algo más de esto y quizás me puedan hablar de ella de manera que la pueda comprender y apreciar mejor".
Me apunté y.. fui.
Durante aquellos tres benditos días, en media de toda aquella vitalidad de infinidad de jóvenes siempre alegres, entusiastas y dinámicos como ellos solos, se estuvo hablando de Jesucristo, de su mensaje de amor, de unidad, fraternidad,... pero... ¡ni una palabra de María!.
Llegados al último día... ya un poco extrañado, me dirigí a un joven focolar y entablé con él este diálogo:
- "Me apunté a esto pensando que aquí se iba a hablar de María; mi intención era conocerle y comprenderle verdaderamente porque... hasta ahora bien poco sé; pero aquí no se ha dicho ni una palabra de ella en ningún momento. No lo entiendo".
- "¿Qué has captado tú de estos días, qué mensajes has comprendido o te han llamado la atención?".
- "He oído hablar mucho de Jesucristo y de su mensaje de amor, de perdón, unidad y fraternidad y, además, he comprobado que se vive: el ambiente que se ha creado hace que se viva eso con mucha naturalidad y alegría".
- "Muy bien, veo que has captado el núcleo fundamental a la perfección, pero ahora te pregunto: ¿Cuál fue la misión que cumplió María?".
- "... Dar a Cristo al mundo".
- "¡Exacto!, y... ¿cuál es la misión de todo cristiano si no es ésa?. La cuestión ahora es que nos fijemos en "cómo lo hizo ella", cuál fue su actitud desde el principio hasta el final, cómo fue su relación con Jesús".
No hicieron falta más palabras. Escuchar esto y relacionar todas las escenas en que los evangelios hablan de ella, siempre en relación con Jesús, me hicieron comprender lo que había estado escondido para mi durante tanto tiempo; ¿cómo no lo había descubierto antes, con lo sencillo que es?.
No tengo que ser perfecto, Dios no me exige ser perfecto ni mejor que nadie ni el más guapo o más inteligente que cualquiera,... Dios me acepta tal como soy, cuenta conmigo tal y como soy; no importan mis cualidades, importa lo que Él pueda hacer en mí y mi disposición para que eso pueda ser posible: Él no va a hacer obra alguna en mí sin mi participación... pero si acepto su plan de Salvación para conmigo... todo es posible.

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